Al regresar a China, lo hago con un profundo sentido de respeto por una nación que se ha convertido en uno de los socios más indispensables de Serbia y una fuerza definitoria de nuestro siglo. En Europa, los debates sobre China a menudo se ven empañados por la sospecha y la ansiedad estratégica. Entiendo que toda gran comunidad política debe proteger su futuro, pero creo que Europa debería acercarse a China no con miedo y sospecha, sino con confianza y una disposición seria y de ojos abiertos a cooperar.
A través de nuestro marco con Europa central y oriental, la relación ha madurado hasta convertirse en una asociación amplia y duradera, y sus frutos ahora son visibles en todo nuestro paisaje en infraestructura, energía y tecnología.
La revitalización de la acería por parte del Grupo HBIS fue más que un proyecto económico. Fue la prueba de que juntos podíamos restaurar la dignidad donde otros solo veían decadencia. Hoy, 5,000 personas trabajan allí directamente, y miles más dependen de su éxito. Lo que una vez fue un símbolo de incertidumbre industrial se ha convertido en un testimonio de renovación.

Recuerdo claramente el ambiente durante esa visita de 2016. Los trabajadores recibieron a Xi no como a un dignatario extranjero distante, sino como a un líder que comprendía íntimamente sus dificultades y reconocía plenamente su potencial. Esas imágenes permanecen profundamente grabadas en la memoria de los serbios.
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