Al comienzo del auge de la IA generativa, el activo más escaso parecía obvio: el acceso al modelo de frontera. Las empresas se apresuraron a licenciar modelos como GPT-4, Claude y Gemini, contrataron ingenieros de prompts y construyeron copilotos propietarios. Luego surgió una restricción diferente: el acceso a GPU, capacidad en la nube y espacio en centros de datos. Ahora, debajo de todo eso, está surgiendo una nueva restricción: la electricidad. La nueva escasez no es la inteligencia, sino la infraestructura intensiva en energía necesaria para producirla y entregarla.
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