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Lo que constituye profesionalismo varía de una organización a otra, pero la mayoría rara vez examina o codifica el comportamiento apropiado en el lugar de trabajo. Las normas profesionales más efectivas son justas, bien definidas y desalientan el comportamiento negativo mientras fomentan la cohesión del equipo. Los líderes pueden encabezar una revisión sistemática de cómo su organización aborda el profesionalismo a través de un proceso de cinco pasos en el que definen activamente las normas y expectativas que impulsarán a su organización única hacia el éxito.
El 'profesionalismo' abarca el amplio conjunto de creencias y expectativas compartidas sobre cómo las personas dentro de una industria o lugar de trabajo deben interactuar entre sí: piense en el estilo de comunicación, la puntualidad o la etiqueta en las reuniones. Pero las opiniones difieren: ¿Cámaras encendidas? ¿Cámaras apagadas? ¿Las reuniones comienzan exactamente a la hora? ¿Llegar unos minutos tarde es aceptable u ofensivo?
Nuestras conversaciones sobre profesionalismo tienden a proceder como un jardín al que se le ha permitido crecer sin controlar las malas hierbas o plagas y luego está sujeto a un debate interminable sobre si el resultado es 'bueno' o 'malo'. Pero esa nunca ha sido la conversación correcta, porque el contexto importa: ¿Las normas profesionales de su organización son buenas o malas para su un lugar de trabajo en particular?
Si bien algunas normas son comunes en muchos lugares de trabajo, como cumplir con los compromisos, tratar a los colegas con respeto y comunicarse adecuadamente, el profesionalismo no tiene una definición única. Varía según las regiones, culturas, sectores e industrias. Pero como un conjunto de normas para diferenciar los comportamientos deseados ('profesionales') de los no deseados ('no profesionales'), el profesionalismo es inherentemente sobre excluir a algunos en beneficio del conjunto. Cuando se definen bien y de manera justa, los estándares profesionales pueden proteger eficazmente contra comportamientos dañinos mientras crean un sentido compartido de identidad entre personas de diversos orígenes, combinando sus esfuerzos individuales en un impacto colectivo. Pero, definidos deficientemente, el profesionalismo puede dividir y distraer a los equipos, sistematizar la discriminación activa y descontar, o incluso incentivar, comportamientos perjudiciales.
Como consultor organizacional, asesor de liderazgo y analista de sistemas laborales, he aprendido que la clave para establecer un profesionalismo que funcione es definir activamente normas y estándares para su organización en particular. Demasiados líderes ignoran su propia capacidad para moldear lo que significa profesionalismo, recurriendo a 'cómo lo hemos hecho siempre' en lugar de cuestionar qué normas servirían mejor a su gente. Como resultado, el profesionalismo en el lugar de trabajo suele ser una mezcla: normas que indican competencia y habilidades junto con normas obsoletas que pueden perjudicar involuntariamente a algunos miembros del equipo. Por ejemplo, las normas que desalientan la discusión sobre el cuidado de personas en el trabajo pueden excluir a cuidadores y padres; las expectativas de apariencia y lenguaje corporal 'normales' pueden obstaculizar la autoexpresión de personas neurodivergentes o LGBTQ+; y los códigos de vestimenta que definen peinados 'aceptables' pueden estigmatizar a personas con cabello natural y textura afro.
Normas Definidas por el Contexto
Cada líder tiene la responsabilidad de crear una versión de profesionalismo diseñada para el contexto único de su lugar de trabajo.
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